S E L V A (I)

I

Llevo un rato viéndolas. Dos tuberías iguales, del diámetro de una cabeza y colores diferentes, una junto a la otra, extendiéndose paralelas a lo largo de uno de los márgenes de la carretera. Desaparecen al cruzar las aldeas, y vuelven a aparecer a la salida. Giran con el camino, suben y bajan el mismo perfil que recorremos, y atraviesan montículos de

I

Llevo un rato viéndolas. Dos tuberías iguales, del diámetro de una cabeza y colores diferentes, una junto a la otra, extendiéndose paralelas a lo largo de la vía. Desaparecen al cruzar las aldeas, y vuelven a aparecer a la salida. Giran con el camino, suben y bajan el mismo perfil que recorremos, y atraviesan montículos de tierra bajo los accesos pavimentados a la carretera.

Lo sé. Pero quiero preguntárselo igualmente:

—¿Y esas tuberías?

El chófer tarda en responder. Mira por el retrovisor al grupo de turistas rubios, blancos, sentados en los asientos de atrás de la furgoneta. Todos duermen después de viajar durante la noche en varios autobuses para llegar hasta allí. Me han dejado el asiento del copiloto, porque soy la única del grupo que habla español. Responde atento a la carretera, pronuncia rápido, como si contase un secreto:

—Es crudo.

Me parecen venas por las que corre la sangre negra del subsuelo. A la selva se llega siguiendo el camino del petróleo, como las migas de pan que uno deja al paso, para encontrar el camino de vuelta.

II

And you? Have you ever been in the jungle before?

No sé qué responder. Reviso mentalmente cada uno mis viajes hasta el momento, y me doy cuenta de que no estoy segura de qué es realmente la selva.

Actually, I don’t know —contesto.

El conductor de la lancha que nos llevará hasta el refugio deja caer sobre la mesa, de un golpe, una caja azul de plástico, grande, como las de almacenaje. Levanta los ajustes de la tapa, que la vuelve hermética, y saca uno a uno los almuerzos, en cajas pequeñas —también de plástico y azules, como si fueran hijas de la grande. Nos las repartimos entre el grupo, y comemos en silencio. Creo que todos masticamos, pensando en las selvas que no conocemos.

Continuará

 

Imagen y texto ©Diana Plaza Ortiz

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