C O R A L E S

Suelta las manos de la lancha, no tengas miedo. Primero limpia las gafas, para que puedas verlo todo claro. Ahora tienes que ajustar bien el tubo entre los dientes, y respirar profundo. Si te cansas, no te pongas nerviosa. Yo estoy aquí a tu lado. Tranquila, que no te dejo. Cuando no puedas más, sólo tienes que hacerme una señal, y te ayudo. Ven, apóyate en mí. ¿Ves? Yo floto por los dos. Entonces, ¿estás lista? Ahora coge aire, nada sin miedo, y solo piensa en disfrutar. Y acuérdate siempre de levantar los pies, para que no te dañen los corales.

Imagen y texto ©Diana Plaza Ortiz

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